Nara y Himeji, tras la senda de Musashi.

Si hay algo que amo en la vida es el cine de espadachines: el wuxia hongkonés y el chambara japonés. El cine de samurais es un placer que he tenido durante muchos años y por supuesto la figura de Musashi Miyamoto se alza como uno de mis héroes favoritos.

Musashi fue un samurai que probablemente vivió entre los años 1584 y 1645 (hay muchos registros que no son exactos) y que es conocido como “el santo de la espada” por su gran técnica de combate. Además fue escritor, pintor y calígrafo. Tras su historia hay mucho verídico y mucho de mito (que es mi parte favorita). La base principal de ficción es la novela “Musashi”, escrita en 1935 por Eiji Yoshikawa y que está basada en la biografía del famoso espadachín. En 1998 se publica el manga “Vagabond” de Takehiko Inoue, que respeta en casi su mayoría la historia presentada en la novela. Para mi estas dos son obligatorias entre un montón de adaptaciones a películas series, mangas y videojuegos.

Pero mi favorita es la trilogía “Samurai” de Hiroshi Inagaki y que fueron estrenadas entre los años 1954 y 1956.

Algunas de las historias ocurridas en esta historia me llevaron primero a Nara, ciudad cercana a Kioto y donde mi principal objetivo era el templo Kôfuku-ji. Lugar donde Musashi conoce y aprende del maestro Hôzôin In’ei, para luego enfrentar a sus discípulos expertos en el uso de la lanza.

Junto al templo se encuentra el Parque de Nara, donde los ciervos sika vagan libremente y la gente los alimenta con galletas que son vendidas en el parque. Estos ciervos antiguamente tenían un carácter divino, en la actualidad tienen asignación de tesoro nacional y se encuentran protegidos como tal. También dentro de los terrenos del parque se encuentran el Museo Nacional de Nara y el Todai-ji, el edificio de madera más grande del mundo que alberga una estatua de Buda de 50 pies de alto, los cuales no alcancé a fotografiar ya que la lluvia comenzó y me vi obligado a volver a la estación y regresar a mi habitación.

Al día siguiente me dirigiría en la dirección contraria hasta Himeji, a conocer el gran castillo blanco. Según las películas, el monje Takuan encerró a Takezo (su verdadero nombre) en el castillo por tres años, durante los cuales estudió y comenzó a olvidarse del brutal guerrero y se transformó en leyenda. Al ser liberado, Takuan lo nombra Musashi Miyamoto.

Lo único que puedo decir es que el castillo es hermoso, el solo hecho de verlo a la distancia es un placer. Lamentablemente no pude entrar al círculo principal a tomar fotografías ya que la entrada la encontré excesivamente cara (el mismo problema me encontré en Kioto).

Después de descansar en la sombra un momento, volví caminando a la estación y fui a Kobe, al momento de bajar del tren comenzó una lluvia que arruinó todos mis planes de ese día y ni siquiera alcancé a sacar una foto ahí, ya que pretendía visitar una cascada pero los guardaparque no me dejaron entrar por seguridad.

En algunos días tengo un paso fugaz por Fukuoka, cerca de ahí se encuentra la Isla Ganryu. Donde Musashi tuvo su más importante duelo, la clásica pelea en que derrotó a Sasaki Kojiro, uno de los mejores luchadores de la época. Si logró pasar, haré una pequeña actualización.

 

Mis días en Osaka, del amor al odio un paso.

Todos mis planes indicaban que partiría hacia el norte de Japón, pero de a poco estos planes se fueron desmoronando. Trás la cancelación de mis host de Coushsurfing y la imposibilidad de encontrar otro, fui perdiendo las ganas de viajar en esa dirección. Dificultad de conseguir hospedaje, los altos precios en estos y el transporte me hicieron buscar otras opciones. En una de mis ahora habituales búsquedas en Skyscanner di con unos pasajes a muy buen precio hacia Osaka, no lo pensé demasiado y los compré inmediatamente. La posibilidad de asistir a un segundo concierto de Ayumi Hamasaki estaba ahí y no iba a desaprovecharla.

Voy a ser bastante directo y decir altiro que Osaka no me gustó demasiado, a algunas amigas les encantó pero a mi me costó encontrarle algo de mi gusto. Puede ser que no me acompañó demasiado el clima, vez que salía se ponía a llover y que no fui a los Estudios Universal ni al acuario, dos visitas obligatorias para la mayoría que visita la ciudad.

Paseando por la ciudad, fueron pocas las cosas que me llamaron la atención, una de ellas fue el Abeno Harukas, con sus 60 pisos y su mirador Harukas 300, se lleva el primer lugar en los edificios más altos de Japón.

No muy lejos de ahí de encuentra el Shitennô-ji, templo budista que fue reconstruido en los 60s. El príncipe Shotoku encargó su construcción a arquitectos coreanos en el año 593, cuando el budismo no era muy popular en tierras niponas.

Creo que en cada parte del mundo tiene que haber algún lugar para uno y para mí en Osaka fue el distrito Shinsekai, en muchos lados se dice que es el peor barrio de Japón pero a mi me encantó. Cines con películas de yakuzas y samurais, cines para adulto, muchos lugares de comida barata y una estética futurista kitsch, hicieron de este mi mejor paseo por las calles de la ciudad. La construcción símbolo del lugar es el Tsûtenkaku, que a mi me recordaba un poco a Mazinger Z por su forma.

Aproveché el día del concierto para hacer dos recorridos, primero un paseo diurno para conocer el Castillo de Osaka que se encuentra en el mismo parque donde se realizaría el concierto. El castillo tiene una participación importante en la historia de Japón, construido por el clan Toyotomi, el castillo fue asediado por las fuerzas del clan Tokugawa tras vencer en la Batalla de Sekigahara, después de un asedio de seis meses el castillo es tomado y significó la desaparición del clan Toyotomi. Años más tarde, sería usado como base militar en la Reconstrucción Meiji.

Una vez finalizado el concierto y ya de noche me dirigí a Dotonbori, para ver los grandes carteles iluminados de la zona. En esta parte fue donde nuevamente le fui perdiendo cariño a la ciudad, ya que no facilita el viaje a los que nos gusta recorrer las ciudades a pie. Muy poca información en la calle hicieron que me perdiera y ya cuando estaba a punto de tirar la toalla, de suerte me encontré en la zona. Después de algunas vueltas, pasé a comer algo y de vuelta a la casa a descansar.

Ahora que escribo las últimas lineas de esta entrada, me doy cuenta que Osaka me gustó más de lo que inicialmente tenía en mi mente y lo que me decepcionó fueron otras ciudades cercanas, las cuales visité entre medio de los días que pasé en Osaka. Ese será el tema que trataré en mi siguiente post.

 

De Yokohama a Kamakura, despidiéndome de Kanagawa

Después de pasar unos días estupendos en Yugawara, mi siguiente base la armaría en Ayase, una de las ciudades vecinas a Yokohama. Desde este lugar tendría fácil acceso a esa ciudad y también a lo que más me interesaba de este tramo, Kamakura.

Por asuntos de tiempo y distancia mi primer viaje lo hice a la ciudad de Kawasaki, lugar del que no tenía muchas referencias aparte de la marca de motos y un concierto de Mano Negra. Kawasaki es la novena ciudad con mayor población en Japón y se encuentra justo entre Tokio y Yokohama. Al salir de la estación y recorrer los alrededores no encontré nada que me hiciera quedar mucho tiempo, el mayor atractivo de la zona es el templo Daishi Heikenji y no lo pude encontrar por ninguna parte, así que después de unas vueltas volví a la estación para ir a Yokohama.

Al llegar a Yokohama cometí el error de bajar en la estación principal de la ciudad. No tenía idea que se encontraba en un sector apartado del centro y donde se encuentran los edificios corporativos de las grandes empresas de la zona. Después de caminar un buen tramo solo viendo edificios llegué al Minato Mirai 21, el distrito de negocios de la ciudad y donde se encuentran los grandes rascacielos y hoteles, el principal es el Yokohama Landmark Tower que es el segundo edificio más alto de Japón. También acá se encuentra el parque de entretenciones Cosmo World, en el que se encuentra la rueda de la fortuna más grande del mundo, el Cosmo Clock 21 y el Nippon Maru, barco que actualmente es un museo.

Cada vez acercándome a al centro de la ciudad me empezó a extrañar la poca cantidad de gente que se veía en las calles. La respuesta a todo esto la encontré al llegar al Yokohama Stadium, era día de partido de baseball y los Yokohama DeNA BayStars son el equipo deportivo más popular de la ciudad. Ya que nunca había visto un partido de baseball en vivo, compré la entrada más barata que encontré y me di el gusto de disfrutar la experiencia (y de tomar cerveza).

Después de una noche agotadora, al siguiente día hice uno de los viajes que esperaba, visitar al gran Buda de Kamakura. Kamakura es una ciudad costera ubicada al sur de Yokohama y que vive principalmente del turismo. Tiene una de las playas principales de la zona, una gran cantidad de templos y su principal atracción es el Daibutsu, el gran Buda.

Como siempre, para no hacer la ruta lógica partí visitando los alrededores de la estación de trenes y algunos templos, desde ahí me alejaría y haría una ruta que asciende por un parque y que rodea al Buda para llegar por el lado contrario al camino habitual. Me gustó mucho hacer este camino ya que después de todo el esfuerzo, pude tomar un buen descanso en el templo Kotoku-in.

Después de hacer este tramo del viaje, volví a Tokio por unos días para mi esperado concierto de Ayumi Hamasaki y aunque esperaba seguir viajando hacia el norte, un pequeño contratiempo quiso que me dirigiera hacía el sur y cambiara todos mis planes. Pero eso ya es parte del siguiente relato.

Prefectura de Kanagawa, sintiendo el llamado de la naturaleza

Teniendo en mente dejar Tokio pero no alejarme demasiado (el concierto en el Yoyogi estaba a un poco más de una semana), me puse a buscar alojamiento barato en Yokohama. Después de ver un par de apartamentos que se ajustaban a mi presupuesto, expandí un poco el mapa de Airbnb y me apareció un aviso que me llamó la atención de inmediato. Un hospedaje barato y rodeado de naturaleza, en el que hasta ese momento nunca había escuchado Yugawara. Revisé cuanto me costaba llegar hasta allá y el precio del pasaje estaba dentro de lo que podía gastar.

Yugawara es un pueblo en que su principal atractivo son los onsen y resorts visitados principalmente por adultos mayores. En sus calles reina la tranquilidad y está en la costa del Pacífico, así que tiene una gran playa para darse un gusto caminando y nadar un poco en los días de calor.

El dejar a Yugawara como base me sirvió mucho ya que en los alrededores hay una gama de actividades cerca de la naturaleza. Mi primera visita fue a la vecina Manazuru, otro pequeño pueblo, en que la gente se dedica tranquilamente a la pesca o a navegar. Mi destino ahí era el Cabo Manazuru, formado por la erupción del volcán Hakone y que con los años se transformó en un santuario de la naturaleza (nunca había visto mariposas tan grandes pasar volando frente a mí).

Después de un día de descanso mi destino sería Hakone, uno de los centros turísticos principales cerca de Tokio, con paseos familiares como andar en bote por el lago Ashi o visitar la gran actividad volcánica de la zona. Como mi presupuesto no se ajusta a eso (en Japón cualquier cosa relacionada al transporte es carísimo), empecé temprano con una caminata por el borde del lago, pasando por el santuario de Hakone (pude solo visitar el de abajo, quería ir al que está sobre el monte pero no pude encontrar el sendero para ascender y hacerlo por teleférico salía bastante caro) y terminaría recorriendo el camino viejo de Tokaido, el que después de varias horas me llevaría de vuelta a mi hostal.

Esta parte del viaje hasta ahora ha sido la más accidentada, desde caídas hasta el rescate de un anciano en medio de un camino poco transitado. Para no extender tanto este post, dejaré para el siguiente lo que falta de Kanagawa, su capital Yokohama y los alrededores.

Tokio, tecnología y tradición de la mano

Ya no recuerdo cuantos días llevo en Tokio, entre salir y volver un par de veces se pierde la noción del tiempo, lo que sí recuerdo a la perfección es la forma en que recorrí parte de esta gran ciudad.

Después de pasar mis primeros días en Nippori (y donde al final también será el punto de salida), me fui a algo más central. El destino y también los precios me llevaron a Shinjuku, a un lugar cercano a la estación del mismo nombre, estación que se conoce por ser la más transitada en el mundo (alrededor de unas 3 millones de personas circulan diariamente por ella). En este lugar se encuentran rascacielos, grandes tiendas y como no, templos.

Shinjuku destaca por su agitada vida nocturna, en Kabukichô tenemos muchos bares, restaurantes y donde se ubica el barrio rojo de Tokio. Y también hay templos, donde destaca el santuario Hanazono, dedicado al dios shinto Inari (mi favorito).

También en los alrededores tenemos el Shinjuku-Gyoen, un gran parque con bosques y una explanada de puro pasto, donde se acostumbra venir a relajarse o hacer picnic (se paga una entrada, pero es un coste mínimo)

Yo estuve quedándome en un sector que se llama Nishi-Shinjuku, donde se encuentran los mayores rascacielos de la zona.

Al usar este sector como base, uno se puede desplazar fácilmente a varios de los sectores populares de Tokio, como es el caso de Shibuya. Distrito que destaca en el área de entretenimiento y de las tiendas de moda.

En la zona norte de Shibuya se encuentra Dôgenzaka, donde se encuentran muchos clubes nocturnos y “love hotels” (moteles en buen chileno).

Shibuya se extiende hasta toparse con Harajuku, zona donde se reúnen las subculturas (lolitas, decora, ganguro y un largo etc.) y que al igual que en Shibuya, la moda tiene una presencia importante.

En esta zona también se encuentran algunos sitios que atraen mucho turista, el parque Yoyogi y el santuario Meiji, lugar dedicado a los espíritus del Emperador Meiji y su esposa, la Emperatriz Shokên.

En el corazón de Tokio se encuentra el barrio de Chiyoda, donde se encuentra el Palacio Imperial. En el sector se encuentran principalmente instituciones gubernamentales, la estación de metro de Tokio, el Nippon Budokan (lugar donde se realizan las principales competiciones de judo y donde se presentaron grupos como The Beatles y Deep Purple) y el santuario Yasukuni, lugar donde se veneran los caídos en guerra.

La última de las zonas que visité fue Asakusa, donde se encuentra Senso-ji, famoso por ser el templo más antiguo de Tokio, al lado de este templo se encuentra una pagoda que no pude ver porque estaba en reparaciones y la taparon xD. El otro gran atractivo es la Torre Skytree, que se construyó para reemplazar la función de la Torre de Tokio como antena de televisión y radiodifusión, ya que al quedar entre grandes edificios no podía dar cobertura digital completa a la ciudad.

Revisando el mapa de Tokio, me faltaron un montón de lugares que visitar, pero ya siento que para mí fue mucho por ahora, me siento más cómodo en estos momentos cerca de la naturaleza. Y ojo, que comparándola con Santiago, Tokio tiene un montón de áreas verdes dignas de imitar. Quizás más adelante vuelvo por estos lados, quién sabe.

Llegando a Tokio, desde Narita a Taitô

Debo confesar que no tenía idea con que me iba a encontrar una vez llegando a Tokio, mi inglés es bastante básico (pero me ha sido más que suficiente para comunicarme) y aparte de algunas cosas básicas de la cultura, mi principal acercamiento era por el cine.

Llegando al aeropuerto de Narita se nota de inmediato el orden japonés, los oficiales de inmigración fueron bastantes amables y después de una rápida inspección al equipaje ya estaba listo para comenzar mi camino. La conectividad del aeropuerto es muy buena y uno puede dejarlo en bus, metro o taxi.

Mis primeros días los pasé en el distrito de Yanaka, un sector muy tranquilo y que está muy lejos de la idea de gran metrópolis que uno se puede hacer de Tokio. Al dejar la estación del metro me encuentro frente a frente con el que sería el habitante más característico de la zona, el cuervo. Nunca había tenido la suerte de ver uno y acá abundan y desde primera hora del día sus graznidos se hacen escuchar.

Dentro de los atractivos que se encuentran en esta zona destaca el Cementerio de Yanaka (Yanaka Reien), donde se encuentra la tumba del último shogun, Tokugawa Yoshinobu. La calle principal del cementerio conecta directamente con una de las salidas de la estación de metro Nippori, así que hay mucho movimiento a través de el. Este cementerio recibe muchas visitas en periodo de los cerezos en flor, ya que se encuentra lleno de ellos.

Un poco más al sur se encuentra el Parque Ueno, lugar que recibe muchas visitas y donde se encuentran numerosos museos (el Museo Nacional de Tokio, el Museo Nacional de Ciencia, el Museo de Arte Metropolitano, entre otros) y el Zoológico de Ueno, donde sus principales habitantes son una pareja de pandas gigantes (no entré aunque la entrada no es cara, no soy muy amigo de los zoológicos pero por lo que tengo entendido este si goza de altos estándares para la conservación y cuidado de los animales).

Saliendo del parque y cruzando la estación Ueno, se encuentra el Mercado de Ameyoko (Ameya Yokocho). Un mercado callejero donde se pueden encontrar ropa, cosméticos, pescado, frutas y especias, además que entre sus callejones hay múltiples restoranes y puestos de comida.

Por lo que he visto con el pasar de los días, me faltaron muchos lados que visitar en este sector de la ciudad, pero quien sabe si vuelvo a andar por ahí al fin de cuentas tengo que regresar a Tokio en una semana.

Ciudad de México, entre serpientes emplumadas y la Virgen de Guadalupe

Cuando la línea aérea  me cambió el vuelo y le agregó 40 horas a mi estadía en México, lo primero que se me vino a la cabeza fue ir a las pirámides.

Teotihuacán queda a menos de una hora de Ciudad de México y aunque la mayoría de los visitantes extranjeros prefiere pagar un tour, yo no iba a pagar las 6 veces más que cuesta este servicio y lo hice como los visitantes locales.

El DF cuenta con una red de metro con 12 líneas que abarca gran parte de la zona central de la ciudad y múltiples conexiones con estaciones de bus y el tren ligero. Como la hora de arribo al aeropuerto fue en la madrugada y no podía registrarme en la hostal pasado el medio día, opté por pagar un locker y viajar lo más ligero posible, me aguardaba una larga caminata y subir muchos escalones.

Directo desde el aeropuerto sale la línea que lleva a la estación llamada “Buses del norte”, lugar donde sale el bus que lleva a la zona arqueológica.

Una vez dentro del recinto se puede contratar un guía particular si se quiere conocer todo en detalle, aunque el lugar cuenta con completa infografía en inglés y español. Al entrar hay dos caminos uno que lleva a las pirámides y otro corto que llega a al templo de Quetzalcóatl.

La parte principal son las pirámides, la más grande “la pirámide del sol”, se puede escalar hasta su cima; unidas por la calzada de los muertos, se encuentra al otro extremo “la pirámide de la luna” la cual es de menor tamaño pero sus escalones son mucho más empinados. Después de permanecer algo más de dos horas, dejé el parque para volver al DF.

Como aún debía hacer hora, aprovechando que me encontraba en el lado norte de la ciudad, use nuevamente el metro hasta la estación “La Villa-Basílica” para visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe.

El sector de la basílica es un santuario con varios templos, capillas y catedrales. Cabe destacar que cuando pasé había misa y mucha gente acude en familia. Además de las construcciones, también se encuentra un gran jardín con sus fuentes de agua.

Para terminar la tarde, el cansancio del viaje y el sol que pegó durante todo el día (se suponía que iba a estar nublado), me dediqué a descansar y a esperar que anocheciera para darme unas vueltas por el centro y salirme un rato del sector turístico. La ciudad es muy grande y con gran cantidad de gente, que al terminar la jornada laboral tiene los mismos problemas con el transporte que nuestra capital. (Al día siguiente me tocó andar en hora punta y es tan caótico como en nuestro metro).

Ya en la mañana y antes de dejar la hostal aproveché el tiempo para dar unas vueltas por el centro histórico y buscar un lugar donde desayunar. En pleno centro se encuentra El Zócalo (cuyo nombre oficial es la Plaza de la Constitución), alrededor de esta plaza se concentran las sedes del poder político, económico y religioso de México y es lugar común tanto para celebraciones y manifestaciones de la gente.

Después de pasar a buscar mis cosas a la hostal seguí mi camino y tracé una ruta entre el Palacio de Bellas Artes y el Monumento a la Revolución.

Tomando en cuenta la hora y que no podía llegar al aeropuerto tan tarde, me dirigí al sur de la ciudad en el tren ligero a visitar el Estadio Azteca, lugar importante para todos los futboleros ya que en su cancha se hizo el considerado el gol más hermoso y también se jugó el mejor partido de la historia.

Ya para terminar mi visita a esta gran ciudad, fui a sector de Coyoacán y más tarde al Paseo de la Reforma, donde caminando lo más rápido posible pude tomar algunas fotos antes de volver al aeropuerto.

Sin duda la capital mexicana tiene mucho para ver y dos días se hacen demasiado poco y me quedé sin ir a muchos lugares, espero algún día volver a ir y dedicarle el tiempo que se merece.

Por fin, el gran viaje.

La pregunta que más me han hecho últimamente es por qué dejar el trabajo y dedicarme a viajar por algún tiempo.

Tiene un poco de todo, algo de cansancio de lo cotidiano, algo de búsqueda interior y también es una prueba personal. Pero principalmente lo veo casi como una necesidad.

El origen de todo esto tiene bastante tiempo, en el que con una gran amiga siempre quisimos vivir al menos una temporada fuera de Chile. Ella ya lo hizo hace rato, pero yo estaba al debe y de a poco se veía que esto no iba a pasar.

Después de varios intentos frustrados en los últimos años (indecisión, miedo, desorganización y promesas de mejoras que nunca llegaron), el año pasado en un impulso compré el pasaje y me amarré para que no se me volviera a pasar la oportunidad.

Y ahora en eso estoy, escribiendo en el avión rumbo a México y con la esperanza de que algo bueno va a salir de todo esto.